El arma utilizada es el dron a reacción Shahed 5 (o Geranio 5, según su nombre ruso). Es un dron de diseño similar al primer Shahed de Irán, pero con un motor a chorro que reemplaza al viejo motor de hélice, mucho más lento y fácil de derribar. Ahora, en una nueva estrategia para imponer pánico, Rusia ya no envía grandes enjambres de drones para saturar las defensas aéreas, sino pequeños grupos de dos o tres aparatos, pero durante todo el día. Por eso, las alarmas se extienden durante más de diez horas en las que las explosiones no cesan.
Además, la capital sufre a diario ataques de misiles balísticos rusos, un arma mucho más destructiva que los drones por su enorme tamaño. Debido a la escasez de misiles antiaéreos Patriot, uno de los pocos sistemas capaces de derribar este armamento, Rusia ataca la capital con impunidad. Hoy, la estrategia de bombardear la retaguardia ucraniana se considera una de las grandes apuestas del Kremlin para someter a Ucrania tras casi cinco años de guerra. El Instituto para el Estudio de la Guerra cree que Putin intenta forzar a Ucrania a capitular antes de la primavera de 2027.
Mientras Rusia lanzaba sus drones, en Polonia la aviación despegó para patrullar toda su frontera con Ucrania y evitar que estos aparatos violaran su espacio aéreo. Incluso se escucharon alarmas antiaéreas en la ciudad de Lublin. En Rumanía, un dron ruso volvió a entrar en su cielo, lo que obligó a despegar a los cazas españoles que guardan esa frontera de la OTAN. El analista ucraniano Viktor Kovalenko cree que Rusia bombardea específicamente Kiev porque allí están todas las televisiones y la prensa occidentales. Así, Moscú se asegura de que el mundo vea a diario grandes incendios, personas muertas en las calles e imágenes de destrucción.