Los defensores de este paradigma decían que el mundo había cambiado y que ya no vivíamos en una sociedad donde un trabajador tenía un empleo para toda la vida. Ahora, decían, el mercado exige habilidades prácticas más que conocimiento general. ¿De qué te sirve la cultura general cuando trabajas como cajero o administrativo? Había que ser prácticos y reducir el tiempo de formación para sacar trabajadores preparados para el mercado real.
Los cambios han sido brutales. La competitividad entre alumnos ha aumentado desde edades muy tempranas, y los recortes en financiación pública han hecho que los estudiantes solo se preocupen por los resultados cuantitativos, es decir, el examen de acceso a la universidad. Se recortaron las carreras y se eliminaron las asignaturas más generales. Hoy, cuando PISA señala el desplome en la comprensión lectora de los jóvenes, recuerdo aquellas críticas. Quizás las reformas educativas han sido un éxito: han conseguido lo que buscaban.