También ocurrió en la celebración del Mundial. Los futbolistas subieron a un escenario en la Plaza de Cibeles. Delante había una zona enorme para familiares y políticos. Los aficionados, que esperaron horas con 35 grados, quedaron muy lejos. La imagen aérea era triste.
La 'VIPerización' se extiende a conciertos, festivales y restaurantes. Todo tiene su pulsera especial, su acceso preferente o su palco. Madrid corre el riesgo de convertir sus grandes eventos en escaparates de privilegio, no en experiencias colectivas. Y eso es una contradicción, sobre todo en el deporte.