El problema surge cuando se cambia repentinamente a este tipo de calzado en niños mayores. Si un niño de 7 u 8 años ha usado siempre zapatos convencionales, su pie no está preparado para asumir toda la responsabilidad del movimiento. Esto puede causar lesiones como problemas en el tendón de Aquiles, fascitis plantar o impactos en el talón.
Para evitar riesgos, Dávila recomienda un análisis previo de la pisada y una transición progresiva. En la escuela, el calzado barefoot es adecuado para el día a día, pero no para deportes intensos como baloncesto, fútbol o tenis, donde se necesitan zapatillas técnicas. Además, al comprar, hay que buscar flexibilidad total, forma anatómica y espacio para los dedos.
En conclusión, no existe una fórmula mágica para todos los niños. Cada pie es diferente, y lo mejor es consultar a un podólogo ante cualquier duda. El especialista insiste en que la decisión debe basarse en la morfología del pie de cada menor.