Las opciones más económicas incluyen pisos vinílicos, aberturas estándar y una distribución simple, mientras que las versiones más costosas incorporan aislación térmica reforzada, doble vidrio, instalaciones prearmadas y revestimientos de mayor durabilidad. A ese precio inicial hay que sumar el flete marítimo, que representa uno de los componentes más variables. Un módulo de 100 metros cuadrados suele ocupar entre uno y dos contenedores de 40 pies, dependiendo del sistema constructivo. El costo del transporte desde puertos chinos hasta Buenos Aires puede ubicarse entre US$3000 y US$7000 por contenedor.
A esto se agregan los gastos portuarios locales, el seguro y la gestión aduanera, que en conjunto pueden añadir entre un 10% y un 20% del valor declarado. El paso siguiente es el pago de impuestos. Las viviendas prefabricadas ingresan al país como bienes manufacturados y tributan derechos de importación, IVA y tasas adicionales. Según la posición arancelaria aplicable, la carga impositiva total puede ubicarse entre el 30% y el 50% del valor CIF, lo que implica un incremento significativo sobre el costo final.
Una vez liberada la mercadería, comienza la etapa local. La casa no llega montada, sino en piezas listas para ensamblar. Esto exige contratar mano de obra especializada, preparar la platea o fundación y conectar los servicios. El montaje de una vivienda de 100 metros cuadrados suele demandar entre dos y cuatro semanas y su costo puede representar entre el 10% y el 20% del valor total del proyecto. También es necesario contemplar la compra de materiales complementarios, como tornillería, aislantes adicionales o terminaciones que no siempre vienen incluidas en el paquete original.
Si se suman todos los componentes —fabricación, flete, impuestos, montaje y adecuaciones—, el costo final de una casa china de 100 metros cuadrados lista para vivir en Argentina puede ubicarse en un rango amplio, que va desde los US$45.000 hasta los US$80.000. Para quienes buscan una alternativa concreta y están dispuestos a gestionar la importación, representan una opción real que combina precio, velocidad y un nivel de terminación que, en muchos casos, sorprende por encima de las expectativas iniciales.
Una familia de Santa Fe decidió apostar por una opción todavía verde en la Argentina e importó una casa modular directamente desde China. La decisión surgió a partir de tener que dejar la propiedad que alquilaban; solo tenían un plazo de seis meses para encontrar otro lugar donde vivir y, como ya tenían un terreno propio, optaron por esta alternativa impensada. La vivienda, de 72 m², llegó al país dentro de un contenedor marítimo y, una vez en el terreno, se desplegó en apenas una hora.