“No quería casarme con él, pero él me obligó. Vivíamos en el mismo patio y un día envió a su madre a llamarme”, recordó ante La Stampa. Según su testimonio, la amenaza fue directa: “Fui allí y me dijo: ‘Si te conviene, puedes casarte conmigo, si no, te mato’”. Tras la ruptura del vínculo, consolidó su autonomía y mantuvo esa independencia durante el resto de su longeva vida.
Al ser consultada por los medios sobre el origen de su extraordinaria vitalidad, Morano atribuía su salud a dos pilares fundamentales: la soltería y una dieta muy específica. Esta rutina alimentaria comenzó tras el fin de la Primera Guerra Mundial, cuando un médico le diagnosticó anemia y le recomendó consumir huevos diariamente. Emma siguió esta indicación con disciplina durante nueve décadas.
Según sus declaraciones a diversos medios, su menú diario incluía tres huevos, dos de ellos crudos, aunque durante su etapa final ajustó la cantidad a dos unidades por jornada. Este hábito se complementaba con un consumo regular de grappa, una bebida alcohólica tradicional italiana que ella misma preparaba en su hogar. Sobre este preparado, la mujer explicó en diálogo con el diario La Stampa en 2011: “Como tres huevos al día y para hacer la digestión bebo la grappa que preparo yo misma: la meto en un frasco con siete hojas de salvia, un racimo de ruda y unas uvas”.
Además de su régimen alimentario y sus elecciones de vida, Morano mencionaba a la genética como otro factor clave. Su madre vivió hasta los 91 años y varias de sus hermanas superaron la barrera de los cien años. Este factor biológico se unió a una voluntad inquebrantable, permitiéndole superar con creces la esperanza de vida promedio en Italia, situada en torno a los 84 años.