En El padrino de Mario Puzo, Johnny Fontane —un trasunto de Frank Sinatra— es un cantante que, engañado por su malvado productor, firma un contrato leonino que le tiene esclavizado y condenado a ganar poco y no ver el éxito. Fontaines D.C., que rinde tributo a este personaje en su nombre, tiene un problema similar con el productor de sus dos últimos discos, el genio James Ford. La esclavitud, en este caso, no es económica sino musical: la banda jamás sonará en el directo tan bien como en el disco.
Lo curioso es que Ford —responsable del sonido de Lung de Florence and the Machine, Suck It and See de Arctic Monkeys o Spirit de Depeche Mode— ha generado para la banda irlandesa una producción muy síntoma de nuestro tiempo: la sensación de que escuchamos las canciones como si sonaran en un recinto de conciertos tipo arena, como lo es el propio Palacio de Deportes de Madrid. De hecho, el sonido en este concierto estuvo bien lejos de parecerse en lo más mínimo a ese sonido ideal. Sonó bajo en la pista y potente, pero denso y opaco, en la grada.
En la otra mitad del nombre del grupo, lo que no es un tributo mafioso, es una referencia a la capital irlandesa: D.C. se corresponde con Dublin City. Grian Chatten, el cantante, nació en Inglaterra, pero siendo un bebé de un mes, sus padres —ella británica, él irlandés— se mudaron a Irlanda y allí creció. En la escuela de música conoció a Carlos O'Connell —padre español, madre irlandesa— y al resto de miembros de la banda, que decidieron agruparse hace casi diez años.
De estas curiosas genealogías nace, en cambio, un grupo profundamente irlandés. Chatten sale al escenario con una camiseta que pone Eyre, el nombre gaélico para Irlanda, y un colgante con el símbolo del seamróg, el trébol de tres hojas culturalmente asociado con el país. Muy por encima del escenario hay un gran rótulo de tres letras (otra vez el número sagrado para celtas): f, d y c. Aunque al principio están coloreadas de rosa, al final del concierto, en la apoteosis de las cuatro últimas canciones, se tiñen de verde, blanco y naranja, al igual que las luces de los focos. La tríada de colores de la nación irlandesa. El nacionalismo de Fontaines D.C. es tan potente que podrían convertirse en un merchandising de su propio país.