Ha contado que el acoso escolar le provocó una depresión, que se fue a Holanda de au pair a los 16 años y que se mudó sola a Madrid a los 17. «Cada vida es un mundo, pero sí, la verdad es que mis 23 años, sobre todo los cinco últimos, no se asemejan mucho a otros chicos de mi generación», admite. Habla con una naturalidad aplastante para haber actuado en Coachella y estar grabando en Los Ángeles.
«Voy como a pasito a pasito, pero tengo una confianza un poco ciega. Muy pocas veces he pensado que algo iba a salir mal», explica. «Están pasando cosas gordas, y estoy muy agradecida, pero estoy siempre como esperando que llegue lo gordo de verdad». Ese pensamiento le viene de lejos: de niña veía Disney Channel y estaba convencida de que esa vida de cantante y viajes sería la suya. «Ese delulu lo he tenido desde siempre y ha sido mi gasolina», confiesa.
Sin embargo, también ha sufrido episodios duros. «En mis momentos más difíciles, lo único que me daba esperanza, la luz al final del pasillo oscuro, era la música», recuerda. Sus padres fueron clave: «Han sabido gestionar muy bien mi salud mental y han confiado mucho en mí». Sobre su ambición, dice que siempre se la ha tratado de loca o flipada por decir sin complejos lo que quería hacer, pero que eso solo le dio más ganas de tapar bocas.
Ahora vive sola en Los Ángeles y graba su próximo disco. «Estoy un poco acojonada, el choque cultural es muy fuerte», dice entre risas. «Para mí estar sola no es novedad. Me he sentido sola los primeros 17 años de mi vida». Sobre su voz, admite que es perezosa y mala aprendiz, aunque juega con ventaja: su padre es músico y nacer en Cádiz, donde la música está en la calle, le ha dado mucho. «Tengo prisa, intento no dejar nada para más tarde», concluye.