El control de precios ha provocado que muchos propietarios opten por el alquiler de temporada, que queda fuera de la Ley de Vivienda. En Barcelona, por ejemplo, se registraron casi 9.400 pisos de corta duración en la ventanilla única digital del Ministerio de Vivienda. Otras ciudades también han sufrido pérdidas significativas: Bilbao ha perdido el 60,8% de su oferta, Girona el 59,7% y San Sebastián casi el 60%. Todas ellas aplican el control de precios de la Ley de Vivienda, lo que confirma la relación entre intervención y reducción de oferta.
Además de las políticas de control, otro factor agrava la situación: el fuerte crecimiento demográfico. España es el líder de inmigración en la Unión Europea y recibe más inmigrantes que Francia y Alemania juntas, según Eurostat. Esto ha llevado al país a rozar los 50 millones de habitantes. Aunque este dato es positivo para la economía, también aumenta la presión sobre la vivienda. El Banco de España ha elevado a un millón el déficit habitacional para 2028, y se necesitarán 300.000 casas más de las calculadas para afrontar la crisis.
Madrid es otro foco principal de empleo y también ha sufrido una caída enorme. En 2018 contaba con 202.484 anuncios de alquiler; ocho años después, solo tiene poco más de 84.920, lo que supone una pérdida de más de 117.550 viviendas, el 58% de su oferta total. Valencia ha visto desaparecer el 47,2% de su oferta, alrededor de 18.465 viviendas. Málaga ha perdido 6.315 anuncios, un 35,8% de su parque total. Incluso Sevilla ha pasado de 23.960 viviendas en alquiler en 2018 a solo 11.695 en 2025.
A pesar de esta situación, las políticas de vivienda del Gobierno se han centrado en intervenir directamente en el mercado y estimular la demanda, sin poner el foco en aumentar la oferta, como ha pedido el sector. Los reales decretos aprobados recientemente en el Consejo de Ministros apuestan principalmente por estimular financieramente la demanda. Mientras tanto, España suma cerca de tres millones de inmigrantes por el proceso de regularización extraordinaria, lo que añade más presión a un mercado ya tensionado.